Haftará para Bejukotai ,Jeremías 16: 19-17: 14.

El castigo divino es real.

En la haftará para Parashat Bejukotai (también leído cuando Behar y Bechukotai se combinan como una porción doble) Jeremías profetiza sobre varios temas en un lapso relativamente corto. Muchos eruditos, respondiendo a la naturaleza discontinua de esta sección de Jeremías, sugieren que podría ser una colección de dichos extraídos de las notas de Jeremías por su asistente Baruc.

La haftará comienza con una breve sección en la que Jeremías analiza cómo Dios siempre está presente para él. Aquellos que se vuelvan a los ídolos o «no-dioses» (19:20) finalmente aprenderán el poder del Señor.

Entonces Jeremías acusa al pueblo de Israel por sus pecados y les advierte que serán castigados con la pérdida de su tierra heredada. Pasa de una discusión sobre la tierra a una metáfora que involucra árboles. Un hombre que confía solo en otros hombres está maldito, como una zarza en el desierto, explica Jeremías, sin ver nunca cuando llega el bien y viviendo aislado. Un hombre que vive con confianza en Dios es bendecido como un árbol plantado junto al agua, sus raíces llegan a un río, sus hojas son siempre verdes, sus ramas producen frutos sin fin.

Jeremías también le recuerda a la gente que el corazón humano es engañoso, pero Dios conoce sus caminos y castigará a quienes adquieran riquezas injustamente. La haftará concluye con una breve oración de sanación; ahora se incorpora una versión adaptada de esta oración en la Amidá del día de la semana . La oración de Jeremías por la curación en realidad continúa como una oración más larga por la destrucción de sus enemigos, pero fue truncada para que la haftará terminara con una nota positiva.

Conexión a la parashat ha shabua

Parashat Bechukotai termina el libro de Levítico con una serie de bendiciones y maldiciones. Las bendiciones se otorgarán a aquellos que sean obedientes a Dios y sus mandamientos. Las maldiciones caerán sobre los desobedientes. Aunque la haftará toca muchos temas, la imagen central es la del hombre maldito volviéndose como un arbusto seco y el hombre bendito como un árbol frondoso.

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